¿Por qué nos parece tan mala la dependencia emocional?

¿Te has dado cuenta de la tirria que le hemos cogido a la dependencia emocional? En este artículo vamos a tratar de darle la vuelta al asunto y explicar por qué ser dependientes emocionales no constituye ningún pecado capital.

¿Qué quiere decir tener dependencia emocional?

Dependencia emocional y psicología siempre han tenido una relación bastante íntima. Tanto es, que a menudo llegan a mí consulta personas que expresan “yo sé cual es mi problema, soy dependiente emocional”.

Sin embargo, ¿tenemos claro que significa tener dependencia emocional? Parece que esto no tanto, ya que la dependencia emocional es una facultad completamente humana.

Es decir, todos los seres humanos la hemos experimentado y la continuaremos experimentado a lo largo de nuestra vida.

Sería un imposible pensar que podemos vivir de forma completamente aséptica y autónoma, sin que nada externo a nosotros tenga una influencia poderosa en nuestra emocionalidad. De hecho, es que no sería ni algo sano.

¿Debemos entonces continuar dependiendo?

Algo que suelo a decirle a mis pacientes a menudo, es que la cuestión no es depender o no depender, si no para que dependemos.

Pongo por ejemplo el de una persona que para recuperar su autoestima necesita la aprobación de una persona, que se muestra distante y que no transmite mensajes de seguridad ni apoyo.

Estamos poniendo en la conducta de otra persona nuestro valor, y para colmo, esta es una persona que jamás nos ofrecerá lo que demandamos.

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Otro caso es el que me ocurrió a mí mismo cuando era más joven: cuando comencé a ejercer me sentía muy inseguro y cada dos por tres necesitaba recurrir a Carmen (mi instructora durante la carrera), para comentar con ella los casos. Necesitaba que me orientase y me validara que lo estaba haciendo bien.

Con el paso de los años, mis demandas a Carmen fueron bajando, y aún hoy día, de vez en cuando decido supervisar algún caso con ella, pero de una manera muy distinta a como lo hacía durante los primeros años.

Hoy, soy un profesional autónomo, y eso en parte, ha ocurrido gracias a que durante un tiempo se me permitió depender hasta conseguir la seguridad y el conocimiento de la profesión.

¿Cómo identificar si nuestra dependencia emocional es sana?

Es complicado darte una respuesta definitiva a esta cuestión, ya que no existe un manual o guía definitiva para hacerlo. A modo general, te diría que una de las principales claves es el sufrimiento.

Si aquello de lo que dependes te genera más sufrimiento que bienestar, entonces estamos con mucha probabilidad ante una dependencia emocional insana.

Otro carácter importante de la dependencia es, si está resulta acorde al momento actual de nuestro desarrollo. Por ejemplo, es comprensible que un niño o niña de 8 años necesite a sus padres para hacer sus deberes.

Sin embargo, sería indicativo de que algo sucede, si cada vez que tengo que tomar una decisión necesito consultarla y cotejarla con alguien.

Pero de nuevo, no se trata de endemoniar a nadie ni ninguna situación. Al final, una parte importante es también es elegir bien nuestras dependencias.

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¿Cuánto dependemos es importante?

Yo diría que sí. Puede sonar a clásico, pero la dependencia no es un botón de ON/OFF. Se me viene a la cabeza el tema de las adicciones o el hambre emocional.

Las personas que comen por ansiedad utilizan la comida para regularse emocionalmente porque no saben hacerlo de otra manera. Es decir, dependen emocionalmente de la alimentación para calmar sus emociones.

Sin embargo, una persona que lleve un buen trabajo personal hecho, puede darse cuenta que ha tenido un día malo y de forma consciente, decidir ese día compensarlo comiendo algo que le gusta y así sentirse mejor.

Como ves, no se trata tanto de lo que hacemos, si no de cómo lo hacemos

Alejandro Vera

Estudió Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en el área clínica. También ha realizado diversos masters. Actualmente trabaja en el centro Integra Terapia.

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